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domingo, 1 de diciembre de 2013

Nueva cultura para la convivencia escolar o bullying



por Néstor Rodolfo Sito*
En la nota anterior sosteníamos que el concepto de “bullying” es discriminante y que pretende tapar otros tipos de violencia que suceden en el ámbito escolar y la sociedad. En esta nota analizaremos posibles dispositivos que podemos aplicar con la finalidad de incrementar la identificación de toda la comunidad educativa con el proceso de enseñanza aprendizaje, desarrollar sentimientos de tolerancia, solidaridad, curiosidad, mantener la mente abierta, aceptar poder estar equivocado, disposición a escuchar y la práctica de la comprensión y la paciencia.
Uno de estos dispositivos involucra a todos los interesados de la comunidad escolar, nos referimos a los círculos de calidad educativa. 
Círculos de calidad
Un círculo de calidad es un ejercicio de comunicación horizontal y de democracia participativa que podemos implementar en la escuela, que se ejecuta con la intención de que los estudiantes, profesores y autoridades sean partícipes del cambio de la cultura organizacional.
Se trata de un espacio que vincula de manera efectiva a los estudiantes y docentes con la institución pedagógica a la que asisten. En un círculo de calidad, en tanto lugar de reflexión, problematización y análisis, entre otras cosas, se pueden formular nuevas normas de convivencia y ratificar o reformular otras ya existentes.
Consiste en la reunión de forma voluntaria de no más de doce estudiantes, de distintos niveles de la enseñanza secundaria, con la coordinación de una persona de la conducción de la escuela que oficia de coordinador, moderador, haciendo este un limitadísimo uso de la palabra.
Los estudiantes, establecerán un listado de temas, de todo tipo, sin límites, ni condicionamiento, ni represalias por lo dicho.
De cada reunión que puede ser de una hora semanal o quincenal, se escribe un pequeño acta con las opiniones, propuestas, dichos, etc., para ser analizados. La actividad del grupo termina cuando se agotó el tratamiento y análisis de cada uno de los temas propuestos.
Para lograr la formación de un grupo hay que generar un clima de precalentamiento y sensibilización en el establecimiento. Cuando un alumno voluntariamente se retira del grupo, lo hace para siempre de ese grupo y no es reemplazado por otro interesado. Si vuelve a tener interés en participar, lo hará en un nuevo grupo.
El método combina los círculos de calidad de la industria japonesa y la actitud contenedora del psicólogo en las prácticas grupales.
Hay bibliografía en Internet, algunos títulos son “La escuela en tiempos difíciles” o “La escuela entre el ocaso y la democratización”.
Al respecto, una colega me expresó hace unos años, “Los docentes, directores e inspectores ¿podrán sustentar la subversión que implica que los estudiantes participen en el propio sistema?
Participación en aula
Los docentes, a veces, no solamente solemos ejercer agresión verbal hacia algunos alumnos, sino que además somos observadores de las divisiones grupales y enfrentamientos entre alumnos por supuestas diferencias. Situaciones estas que quedan convalidadas y naturalizadas al no existir una actitud proactiva del docente, cuestión para la lo cual no contamos con profesionales formados.
Nicholas Burbules, posee una amplia bibliografía que nos permite trabajar estas situaciones en el aula, con ejercicios sencillos. Citamos algunos a manera de ejemplo: aprender a dialogar aceptando las diferencias. En una actitud de diálogo reformulo lo que el otro dijo, debo demostrar que lo que el otro dijo lo entendí y luego fundamentar si estoy de acuerdo o en desacuerdo.
Otro ejercicio sencillo es el uso de la imaginación (para docentes también), debo pensar cómo sería el mundo si yo fuera el otro.
Ejercitar el debate: si hay pensamientos distintos o divisiones grupales (lo normal es que existan estas divisiones) separar la sala en los grupos respectivos, donde cada grupo desarrolla sus argumentos sustentando los propios y argumentando sus desacuerdos con los otros. 
Estos métodos consisten en poder acordar que estamos en desacuerdo y poder expresarlo. No se trata de convencer al otro, como tampoco pensar que el acertado es uno y el equivocado el otro.
En síntesis, se trata de desarrollar una nueva cultura organizacional para la convivencia escolar, donde la participación democrática reemplace el violento monólogo de la “autoridad” y los prejuicios que muchas veces tiene el docente sobre sus alumnos. Para desarrollar estas técnicas, lo mejor es acudir a las fuentes que son amplias y están desarrolladas.
*Autor de los libros “La escuela en tiempos difíciles” y “La escuela entre el ocaso y la democratización”. Redactor de artículos y papers. Recibió la mención honorífica a la investigación del Centro Latinoamericano de la Administración para el Desarrollo, con sede en Venezuela. Expositor en congresos nacionales e internacionales sobre temas de educación Docente.