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jueves, 3 de febrero de 2011

Educación inicial - Los cuentos tradicionales


 
Para que una historia mantenga de verdad la atención del niño, debe divertirlo y excitar su curiosidad, pero para enriquecer la vida debe estimular la imaginación." Bruno Bettelheim.
Las historias de bosques encantados, de reinos mágicos de hadas, de duendes, de sirenas, de brujas... han atrapado y aún atrapan a los niños cuando las escuchan o cuando las leen por sí mismos. ¿Qué encierran los cuentos para que los niños gocen tanto con ellos? En principio, estos relatos comienzan siendo una invitación a realizar un viaje a la fantasía, para participar, vibrar, sentir, disfrutar de la historia que se cuenta, pero en realidad resultan ser un viaje al interior de cada uno y van más allá de lo que se cuenta.
Los relatos aluden a problemas psicológicos acerca del origen, los conflictos edípicos, la rivalidad entre hermanos, los sentimientos ambivalentes de amor y odio, miedo, ternura, etc., constituyéndose en verdaderos mensajes. Las imágenes sugeridas por la historia ficticia que contemplan al escuchar o leer, ayudan a los niños a configurar sus fantasías, permitiéndoles visualizar los conflictos propios en los personajes del cuento. De este modo tienen la posibilidad de proyectar los contenidos inconscientes hacia el exterior y darles soporte e imagen. Esta función simbólica que disparan los cuentos los ayuda a conformar la estructuración subjetiva. Así los cuentos, con su infinita posibilidad de repetición, seguirán resultando una extraordinaria estrategia para fundar un vínculo reconfortante y placentero con el libro como objeto intermediario de la cultura.
Los cuentos en la escuela.
Apelar a esos mundos maravillosos de fantasía y subjetividad de los cuentos no está reñido en absoluto con la enseñanza en la escuela; es más: lo considero de fundamental importancia.
El contacto con cuentos desde los primeros años de la infancia brinda un modelo lingüístico primordial.
En primer lugar, porque la escritura narrativa típica de los cuentos está organizada en un todo estructurado con sentido; no está constituida como partes fragmentadas, tal como sucede muchas veces con los textos didácticos. Los hechos narrados implican una secuencia, una relación jerárquica entre las partes del relato. Cuando los niños se proponen contar las historias o simplemente cuando intentan recordarlas para sí, necesariamente deben seleccionar las ideas principales y deben organizarlas según la secuencia y la relación que mantienen los eventos con el tema esencial del cuento.
Este proceso cognitivo produce efectos directos en las situaciones comunicativas de los niños: influye en el modo de organizar futuras conversaciones con otros, cuando intentan narrar acontecimientos vividos por ellos o por otros y también para producir historias nuevas. Lo cierto es que no todos los chicos han tenido la oportunidad de que les contaran o les leyeran cuentos en sus casas. Muchas veces, es recién la llegada a la escuela la que marca el primer contacto de esos niños con un libro. Por eso la lectura de libros de cuentos, desde los primeros momentos de la educación formal, resulta un excelente recurso didáctico para incorporar a la escuela, ya que permite que ese interés que aparece espontáneamente en contextos cotidianos, pueda darse dentro del ámbito escolar.
Con la lectura de cuentos, la escuela estaría influyendo positivamente para desarrollar lo que en algunos hogares no se da y para continuar enriqueciendo lo brindado por otras familias. Esta es, en definitiva, su misión: fundar, estimular y desarrollar el contacto grato con modelos lectores y con el libro como producto de la cultura.
En la escuela, cuentos... y algo más...
Pero en el entorno de todos los días, se necesita algo más que cuentos... Hay otros tipos de textos de circulación social que se constituyen en fuentes de información necesarias en el mundo de hoy y que también son objeto de curiosidad por parte de los niños. Son los textos informativos, prescriptivos, científicos, apelativos, etc., y en ellos se encuentran informaciones ligadas a temas específicos que merecen ser considerados en la escuela en el mismo nivel que el resto, porque no solo sirven para distintos fines comunicacionales sino que además también están ligados al placer.
El libro didáctico.
Apelar a la fantasía como medio de conexión con la realidad en un camino posible. Apelar a un cuento para que nos lleve a otros textos, es una función que un libro didáctico puede cumplir. Pensemos en un libro de cuentos con una historia interesante y divertida que invite al lector a participar de las aventuras de los personajes, a identificarse con ellos y que presente una articulación desde la historia que se cuenta, con las temáticas conceptuales del currículo. Un libro donde la imagen y el diseño que acompañan al texto sean concebidos como entrelazados y en un mismo nivel estético para movilizar al lector y de este modo, despertar y sostener la curiosidad y el placer como medios privilegiados para aprender de otro modo.
Un libro que como parte importante de la propuesta pedagógica necesite de la consulta a otros textos y otros materiales, para que no quede cerrado en sí mismo.
Este libro didáctico, concebido como libro común pero no único, debe ser suficientemente flexible para permitir al docente considerar distintas formas de acercamiento a los libros, de modo tal que los lectores puedan hurgar en otros textos de circulación social, incluyendo también en la actualidad el soporte electrónico del libro.
"Las actividades con textos tienen como objetivo el desarrollo de la textualidad, es decir, las construcciones lingüísticas que constituyen el leguaje que se escribe." Ana Teberosky.
Un texto escolar debe dejar liberada la creatividad del maestro, para que pueda organizar su aula, con esos alumnos, en ese determinado lugar, donde se lea y se escriba y se construya el conocimiento con un propósito y con una necesidad reales. Es muy importante provocar en los niños la curiosidad por descubrir el contenido de toda la variedad de textos que circulan hoy en el día desde los primeros momentos de la educación formal. Por esa razón es esencial que los maestros sigamos contando y leyendo cuentos... y algo más...
Fuente: Artículo redactado por María Esther López, publicado en "Revista Estrada", año XV N°2, editado en 1997.

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